miércoles, 4 de febrero de 2015

4 FEBRERO 1992

El 4 de febrero de 1992 la operación fue exitosa en el Zulia, fue muy exitosa en Maracay, en Valencia también; pero aquí en Caracas no funcionó el plan por distintas razones, entre otras porque en la Escuela Militar alguien nos traicionó. La decisión que el comando había dejado en mis manos estaba tomada, solo tenía yo que pulsar un botón, en función de algunas informaciones que me iban llegando, especialmente una de ellas, el retorno de Carlos Andrés Pérez el lunes en la noche. Lo voy a decir por primera vez: el “Indio” Pérez Ravelo, hoy general, comandante de la Brigada en Paraguaipoa; pues el indio, mi ahijado, era teniente y estaba aquí en la Casa Militar. Él tenía, entre otras tareas, que informarme de la llegada del Presidente, y me lo confirmó directamente el viernes por la tarde.

Así que, con base en esa información y otras más, tomé la decisión, el lunes 3 de febrero a la media noche, y empezamos a alertar a todos. El domingo íbamos informando por etapas; teníamos un sistema de seguridad que funcionó casi en un cien por ciento. Pero resulta que cuando el domingo por la noche le informaron a un oficial que trabajaba en la Academia Militar, a quien yo quise mucho, como un hijo en verdad y le recuerdo con afecto. El muchacho resulta que estaba de amores con la hija del director de la Academia Militar, y había perdido aquella estirpe revolucionaria que todos le reconocimos durante varios años, desde que era cadete. A ese muchacho lo dieron de baja de cadete y yo lo ayudé a ingresar de nuevo, porque ya él estaba en el movimiento. Yo estaba de jefe de deporte y le ayudé a redactar la carta de solicitud de reingreso; fui uno de los que más defendió su regreso. Reingresó, no por mí, él tenía condiciones y, en verdad, le habían raspado una materia, pero iba muy bien en las demás y ya estaba en tercer año, bueno, en definitiva se graduó. Pero el muchacho nos delató, claro, él con un pie en el infierno y el otro quizás en el purgatorio, entre dos aguas. No dijo todo y eso le valió que después también lo apretaran. Por ejemplo, no dijo que yo era el jefe del movimiento, ni sobre Arias Cárdenas, y él sabía. Le dijo a su jefe, a su general y suegro: “Mire, hay un golpe de Estado, van a tomar la Academia, y a mí me toca ponerlo preso a usted y yo no quiero hacer eso”. Aquí en Fuerte Tiuna dio otros nombres de algunos compañeros de él, pero hasta ahí llegó. Lo interrogaron varias veces y no dio más, no soltó más prenda. Sin embargo, todo lo que él dijo le permitió al Alto Mando tomar medidas dentro de Fuerte Tiuna.

Yo había mandado el viernes anterior la Chester, aquella camioneta grande de comunicaciones que era de los Paracaidistas, que nos hubiera permitido tener comunicaciones de largo alcance; la mandé de Maracay para Fuerte Tiuna, en Caracas, con una orden de reparación. El jefe de esa unidad era Campos Aponte, capitán de las comunicaciones de la Brigada de Paracaidistas y juntos lo planificamos. Mandamos al sargento con los soldados, simulando que estaba dañada la Chester. Mentira, no tenía nada, estaba perfecta, más bien la habíamos repotenciado, comunicaciones de USB, single saivan, no sé cuántas cosas más. ¡Hasta con la luna se comunicaba esa Chester bolivariana! El lunes no entró a taller, estaba esperando la hora acordada, las seis de la tarde, para moverla. ¿Cuál era el plan? Moverla primero a donde estaba el sargento Reyna Albia, en la esquina de Pepe Alemán, en San Juan, donde está la antigua Intendencia Militar. Ellos la iban a tomar. Luego, cuando tuviéramos más avanzada la operación, la iban a mover hacia el Cuartel de la Montaña, que era el centro de comunicaciones. La Chester no pudo salir de Fuerte Tiuna, prohibieron la salida de todo vehículo militar y allá se quedaron. Y no solo eso, sino que cuando se dieron cuenta que era la Chester de Maracay, ¡pung!, metieron preso al sargento, al soldado, y les quitaron la camioneta y no tuvimos comunicaciones el 4 de febrero.

Hace poco estábamos conversando con el comandante Alastre López, quien fue uno de los oficiales que vino con la columna de tanques de Fuerte Tiuna. Esa fue una acción suicida que tomaron Blanco La Cruz, Díaz Reyes, Blanco Acosta, Alastre López, Ávila Ávila, Florencio Porra Echezuría. Como diez oficiales de los nuestros tuvieron que esconderse en la habitación de Díaz Reyes, que estaba en la Escuela de Blindados; los andaban buscando por todo Fuerte Tiuna. Ellos mandaban a alguien que se asomara a ver qué pasó; no había celulares ni nada. Ellos no sabían incluso si nosotros veníamos de Maracay para Caracas. Mandaron al capitán Blanco Acosta que fuera en su carro rumbo a Maracay: “Vete para Maracay, ve a ver cómo sales del Fuerte, ve a ver si mi comandante Chávez viene o no viene, o estamos nosotros aquí solos y nos van a agarrar aquí encerrados”. Andaban solo con la pistolita. Blanco Acosta no sé cómo salió del Fuerte en su carro, ya de noche, rumbo a Maracay. Después del túnel de Los Ocumitos vio que venían unos autobuses con paracaidistas, y se devolvió brincando la isla como alma que lleva el diablo. Entró no sé cómo a Fuerte Tiuna, porque lo andaban buscando, llegó de nuevo a la habitación y les dijo: “Ahí vienen los paracaidistas y nosotros aquí encerrados”. Entonces, decidieron salir con las pistolas nada más, ya de noche, eran como las once, un poco tarde ya. Pero asumieron el riesgo y se fueron en dos carros, aquellos carros atiborrados de oficiales, agachados ahí. Llegaron a la puerta del Cuartel de los Tanques, del Ayala, al lado de la misión militar yanqui que estaba ahí, y a punta de pistola someten al de guardia. Todos esos cuentos me los echaron a mí, después en la cárcel.

Tomaron el cuartel, agarran jugando truco a los comandantes, que estaban ahí bebiendo “güisqui”, sacan los tanques, y ¡pung!, se vienen para acá. Pero los tanques no tenían munición. Ávila Ávila le dice a Blanco Acosta: “Mire, estos tanques no tienen munición”. ¿Y qué dijo Blanco?: “Qué importa que no tengan munición, chocaremos contra ellos, utilizamos la fuerza de choque”. “Mire que los radio…”. “Qué nos importa que no tengan radio los tanques, nos gritaremos a viva voz, y vámonos”. Y se vinieron. Incluso desfilaron delante del comandante de la Brigada, el general Tagliaferro, porque el Alto Mando se quedó esa noche en Fuerte Tiuna, alertado del movimiento. Tagliaferro llega a la puerta del cuartel, pero cuando los tanques vienen saliendo, ¿qué podía hacer él? Nada. “¡No se lleven los tanques!”. Parece que hasta un perro, que era la mascota de los soldados, venía con ellos.

Hay muchos chistes. Florencio Porras Echezuría, que es un genial muchacho y, entre otras cosas, un gran caricaturista, hizo en la cárcel muchos de esos cuentos. Entre otras historias, hay una del comandante del Batallón de Tanques, que fue un buen amigo mío. Lo recuerdo con cariño y me dio cierto dolor, porque hasta ese día su carrera iba bien, pero le quitamos los tanques. Ese buen amigo, que era más antiguo que yo, era comandante porque el Alto Mando, como estrategia, a mi promoción no nos dieron comando de batallones de tanque. A mí me tocaba comandar uno, porque yo era de Blindados. Esa era mi carrera, pero no me dieron comando. Les dieron batallones a unos oficiales que ya estaban por irse del grado de teniente coronel, pero igualito le quitamos los batallones con los capitanes, los tenientes y los sargentos.

Entonces, dicen que ese comandante vio un tanque que se quedó ahí al frente del comando; se habían ido todos los tanques, menos uno. El cañón quedó apuntando a la puerta del comando. Después que se fueron todos, sale con la pistola y gritaba: “¡Soldados!, ¡no disparen, soy su comandante!” Y él ahí, con la pistolota apuntando al tanque, imagínate tú, en un gesto de coraje y de dignidad, hay que reconocerlo, pues le llevaron todo el batallón. Pero quedó uno y él iba a recuperar su tanque. Y el tanque parado ahí, y él con la pistola, pero no lo perdonaron y le pintaron su caricatura. Porque resulta que logra llegar hasta el tanque, después de mucha maniobra y gritos de “¡No disparen, soldados, que soy su comandante!”, y se movía por aquí, por allá, media hora estuvo en eso. Cuando subió por fin al tanque… estaba solo. Es que no había prendido el motor y lo dejaron. El tanque estaba solo, no había nadie. Esos son los chistes del 4 de febrero.
En Valencia, al general, comandante de la Brigada Blindada, cuando lo agarraron, parece que estaba medio borracho, porque tomaba mucho ese hombre. Los capitanes Valderrama, Arteaga Páez y Godoy Chávez llevaron al general al calabozo de los soldados, que está ahí a la entrada al cuartel. En el calabozo estaba un soldado que se la pasaba preso por faltón. El guajiro se despierta con aquel alboroto. Era ya medianoche. Prenden la luz del calabozo y cuando el guajiro ve que traen al general y lo meten le dice: “¡Verga, mi general! Tú sí eres faltón. ¿Qué hiciste, mi general?, ¿qué hiciste que te metieron preso aquí conmigo?”. Porque los guajiros tutean a todo el mundo. El guajiro no dice usted, es costumbre de ellos: “Tú, mi capitán”, “tú, mi teniente”. Yo tenía unos guajiros, los guajiros en los paracaidistas, eran un show porque no les daba miedo nada. Pero entonces, en la puerta del avión uno les decía: “Miren, que tienen que pegar los codos, tienen que saltar así”. Y ellos miraban, ¡ujú! Sí, con cara de susto, pero cuando les tocaba, saltaban de una vez: son audaces; bueno, indios al fin.

Ese 4 de febrero fueron hasta el Cuartel de la Montaña Fernán Altuve Febres, un viejo conspirador, que era asesor del ministro de Defensa, y Santeliz Ruiz, en un carro civil, pero Hermes Carreño le echó una ráfaga y casi se raspó ahí a Altuve y a Santeliz. Yo, ya como tigre enjaulado ahí, no tenía comunicaciones y finalmente los mando a pasar. Estaba rodeado, sin conexión con los tanques, sin conexión con el Zulia, ni con la base de La Carlota. Recuerdo que yo cargaba una granada de mano aquí, guindada en mi arnés, una granadita de mano defensiva. Cuando Altuve vio que ya tomé la decisión de rendirme, me dijo: “Comandante, este es un día histórico, regáleme esa granada. Yo pelé por la granada y se la di, y creo que un pequeño radio que nunca sirvió para nada; él debe tener eso guardado”.

Altuve fue testigo de aquel momento en que yo reuní a las tropas que tenía bajo mi mando allí en el cuartel, oficiales y tropa y es lo que él llama “el primer por ahora”. Eso fue amaneciendo ya, el sol estaba levantando. Les di un saludo a mis tropas y oficiales y mandé: “Pabellones, armen, y a la izquier… Quedan a la orden del coronel del Museo Histórico y sus oficiales”. Entregué las tropas y pedí respeto para ellos, y es cuando me dice Santeliz: “Chávez, ahora hay que tener cuidado porque la orden es que salga de aquí muerto”. Santeliz, Altuve y el mismo Coronel del Museo ayudaron a simular, porque había francotiradores rodeando aquello, con orden de que yo no saliera vivo. Cuando me dicen que la orden es matarme y los F-16 pasaban muy bajito, entonces ahí me llegó la idea de la muerte. Yo dije: “¿Y por dónde vamos a salir para que no me cacen los francotiradores que ya han matado a por lo menos tres soldados de los míos?”. Me llegó la noción de la muerte, y ¿saben qué recuerdo? Un pensamiento rápido: “Rosita, María, Huguito, yo hoy no muero”.

Comunicado Sobre la Resolución Nº 8610 y el control de orden público en manifestaciones



Comunicado
Sobre la Resolución Nº 8610
y el control de orden público en manifestaciones



Ante la reciente aprobación de la Resolución N° 8610, del Ministerio del Poder
Popular para la Defensa, publicada en Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N° 40.589, del 27 de enero de 2015, la cual establece las Normas sobre actuación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en funciones de control de orden público, la paz social y la convivencia ciudadana en reuniones públicas y manifestaciones, SurDH realiza las siguientes apreciaciones, en aras de brindar elementos de comprensión y análisis de la misma, desde una mirada de derechos humanos:

1. Saludamos como positivo que se apruebe en el marco de las normas que rigen la actuación del componente militar, una serie de principios que regulen su actuación en materia de orden público desde la perspectiva establecida en los acuerdos internacionales de derechos humanos y con una visión democrática para el control del orden interno. El articulado de la norma in comento cumple con los extremos definidos en la República Bolivariana de Venezuela, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos así como en la Convención Americana de Derechos Humanos, en lo referido al ejercicio del derecho a la manifestación y del papel que debe jugar el Estado en el control de manifestaciones que no cumplan con su característica fundamental para entenderse como ejercicio de derecho: ser pacíficas y sin armas. En ese
sentido es importante recordar que nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, al definir el derecho a manifestar en su artículo 68, deja igualmente clara que la condición de toda manifestación o reunión para ser considerada como ejercicio de un derecho democrático es que sea pacífica
y sin armas.

2. La Resolución en sus artículos 14 y 17 deja taxativamente definido que la intervención de los componentes militares en materia de orden público solo procederá cuando se vea rebasada la actuación de los órganos de seguridad ciudadana de carácter civil y en plena coordinación con el órgano rector de la seguridad ciudadana. En este sentido, la resolución reafirma la competencia preponderante de los organismos civiles de control de orden público y diferencia funciones, entendiéndose que la actuación militar será requerida cuando esas situaciones de control de orden público desbordadas pongan en riesgo el mantenimiento del orden interno de la Nación.

3. Destacamos positivamente que el modelo de uso progresivo y diferenciado de la fuerza, nacido desde la reforma policial y consolidado como mecanismo de garantía de los derechos humanos en la actuación policial, haya sido asumido expresamente desde el ámbito de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, generando una necesaria sincronía en el proceder de sus funcionarios y funcionarias, apegados a principios y criterios universalmente reconocidos en materia de derechos humanos. Así mismo, deseamos destacar que su publicación en la Gaceta Oficial constituye un importante avance democrático, que contribuye a la transparencia de la actuación militar y favorece el ejercicio de la contraloría social.

4. Respecto al empleo de armas de fuego establecido en la Resolución (tema que ha generado una extensa polémica), es de destacar la prohibición expresa de portarlas en el control de reuniones públicas y manifestaciones, tal como lo expresa el numeral 9 del artículo 15, en consonancia con el artículo 68 de la CRBV. No obstante, dicho enunciado hace la legítima salvedad que en aplicación a los principios del uso progresivo y diferenciado de la fuerza (previstos en la propia resolución en su capítulo IV) se requiera de las mismas para repeler acciones de violencia mortal. En este sentido, es necesario recordar los Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, adoptados por el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, celebrado en La Habana (Cuba) del 27 de agosto al 7 de septiembre de 1990. Dichos principios, que nos permitimos citar aquí, establecen lo siguiente:

Disposiciones especiales
Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley no emplearán armas de fuego contra las personas salvo en defensa propia o de otras personas, en caso de peligro inminente de muerte o lesiones graves, o con el propósito de evitar la comisión de un delito particularmente grave que entrañe una seria amenaza para la vida, o con el objeto de detener a una persona que represente ese peligro y oponga resistencia a su autoridad, o para impedir su fuga, y sólo en caso de que resulten insuficientes medidas menos extremas para lograr dichos objetivos. En cualquier caso, sólo se podrá hacer uso intencional de armas letales cuando sea estrictamente inevitable para proteger una vida. (…)

Actuación en caso de reuniones ilícitas

Dado que todas las personas están autorizadas a participar en reuniones lícitas y pacíficas, de conformidad con los principios consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, los gobiernos y los organismos y funcionarios encargados de hacer cumplir la ley reconocerán que la fuerza y las armas de fuego pueden utilizarse solamente de conformidad con los principios 13 y 14.

13. Al dispersar reuniones ilícitas pero no violentas, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley evitarán el empleo de la fuerza o, si no es posible, lo limitarán al mínimo necesario.

14. Al dispersar reuniones violentas, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley podrán utilizar armas de fuego cuando no se puedan utilizar medios menos peligrosos y únicamente en la mínima medida necesaria. Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley se abstendrán de emplear las armas de fuego en esos casos, salvo en las circunstancias previstas en el principio 9. 1

A todas luces, la Resolución in comento cumple con los extremos previstos en la citada normativa aprobada por la ONU, por lo cual se marca la clara
diferencia entre control de manifestaciones pacíficas y aquellas que se constituyan o tornen violentas con niveles de letalidad en el accionar de los manifestantes.

Adicionalmente, debemos reconocer como un avance sustancial en materia de respeto y protección de los derechos humanos que la Fuerza Armada Nacional
Bolivariana haya establecido expresamente en Gaceta Oficial la aplicación de los estándares del Uso Progresivo y Diferenciado de la Fuerza como normas que guían su actuación en el control interno y, sobre todo, que las mismas se fundamenten en las establecidas para los órganos civiles de policía.

Observamos que el ámbito de aplicación de la Resolución abarca a toda la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, estableciendo pautas generales de actuación en el matenimiento del orden público, la paz social y la convivencia ciudadana en reuniones públicas y manifestaciones. Se trata de una norma jurídica que regulas las funciones que el artículo 328 de nuestra Constitución atribuye a todos los componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en materia de coorperación en el mantenimiento del orden internoy que su artículo 329 prevé como una función básica de la Guardía Nacional Bolivariana. Sin embargo, la Resolución no prevé con precisión cómo y cuándo deben actuar cada uno de los componentes. Por ello, estimamos necesario que esta materia sea objeto de una regulación posterior que establezca normas claras sobre la misma.

5. Exhortamos a las FANB a acatar plenamente la Resolución y sus disposiciones transitorias, asegurando la formación de sus funcionarios y funcionarias en1 Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la
Ley.

Adoptados por el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente celebrado en La Habana (Cuba) del 27 de Agosto al 7 de Septiembre de 1990, relación con los principios y normas ç contenidos en esta resolución de manera de asegurar su adecuada comprensión y aplicación, contribuyendo con ello a consolidar una política nacional de seguridad ciudadana, basada en el pleno respeto a los derechos humanos, tal como la que fue iniciada con la Reforma Policial desde 2006 a la fecha.

 Dado que se trata de un instrumento garantista, favorable a los derechos humanos, ajustado a los mejores estándares internacionales en la materia y que bebe del proceso democrático de reforma policial venezolana, a SurDH le sorprende la conmoción que ocasionó la Resolución en la oposición política, en medios privados (nacionales e internacionales) y en algunas ONG alineadas con la oposición, que la denunciaron de manera virulenta como un instrumento de represión, contrario a derechos. En particular, resulta escandaloso que organizaciones de DDHH que se presentan a sí mismas como de un alto perfil técnico, se sumen a una estrategia burda, carente de todo fundamento. Uno de los directivos de lo que antaño fue una importante ONG de DDHH señaló: “Estamos analizando el texto de la resolución. Lo que podemos adelantar por ahora es que el Ejecutivo está creando las condiciones para una violación masiva y sistemática de derechos humanos en el país. Con este instrumento, todos los efectivos tienen órdenes de para actuar de una determinada manera para violar los derechos humanos

(http://runrun.es/nacional/184300/briceno-leon-es-una-amenaza-de-muerte-delministro-
los-manifestantes.html). Es decir, antes de analizar el instrumento, ya sentaba posición, denunciándolo como parte de una política de "violación masiva y sistemática de los DDHH".

SurDH llama al debate ponderado sobre el contenido de la resolución, abandonando la virulencia y la instrumentalización del discurso de los derechos humanos, con el fin de dotar al país de instrumentos garantistas en beneficio de toda la población.

Firman:
Ana Graciela Barrios
Antonio González Plessman
Cristóbal Cornieles
Lucrecia Hernández
Pablo Fernández
Marieva Caguaripano
Equipo promotor SurDH